Corredor en el Escamelláu
Encontramos dos canales en la cara
norte de este pico, ambas se encuentran y entrecruzan hacia la mitad,
teniendo la opción de escoger una combinación de cuatro tramos que oscilan entre
los 35 y 55º de inclinación.
Mientras nos acercamos a nuestro punto de partida, vemos como el viento arrecia en ese rincón de las vegas de Sotres quitando las ganas de encaramarse a ninguna superficie nívea. Entre empujones de aire y nieve que cae como bolinas de forespán, maldigo el madrugón y haber salido de Gijón postergando obligaciones y deberes. Es un día plenamente invernal, cargado de alertas de ciclogénesis por todo el litoral cantábrico y gran parte del interior. Anuncian viento sur, según lo cual libraremos por la cara norte. ¡JA! Apenas nieve al pie del recorrido, pista y acceso pedestre limpios de manto nivoso. En cambio las canales se adivinan bien provistas. Confino mis esquís al maletero y andando.
A pocos metros de empezar el recorrido Iván cae en la cuenta:
- “¡Los crampones! ¡me olvidé de echarlos a la mochila!”. -Horror.
- "Menos mal que con este
tiempo no haremos nada, no está pa ello…”
La nieve, ajena a nuestros lapsus, aparece transformada y bien asentada, en su punto para iniciar un ataque con nuestras modernas aleaciones, pero las suelas de Iván tienen pocas posibilidades por encima de los 30º. Nos aproximamos, dilucidamos y decidimos
asomarnos a uno de los corredores. Como insiste, dejamos a nuestro amigo con las llaves del coche y sopesando en qué emplear su espera. Rachas fuertes, nieve y fresquito.
Un bautizo borde donde los haya. Ascendimos la mitad del
corredor de la derecha (45-55º) hasta la intersección, pero para debutar tuve suficiente: Reventón de extremidades, desfonde y afogamiento; un pasito, otro
pasito, me paro... ¡Uff! ¡Uuufff! Y voy alternando: congelo pies, descongelo manos y cambio. \0/ El viento me abofetea la cara con rachas gélidas y mis gemelos sobrecalentados dicen que ya, que ande vas tú; como no llevamos cuerda no hay tregua que valga y continuamos.
Resulta un fastidio no saber dónde ni cuándo acabará un trayecto cuando se va en precario, o preguntarse qué andaría haciendo nuestro amigo con la que estaba cayendo. Este tipo de obstáculos mentales también entorpecen la subida, pero no queda otra que despejarlos y seguir tirando. ¿Y el miedo? Para alguien con respeto a las alturas cuando no se cuenta con el seguro de una cuerda, en una situación así no ha lugar. Hay que seguir y punto. Modo keep going.
No sé de qué componente acabó soplando el viento, pero nos bufaba que clavásemos la hoja del piolet bien adentro, congelando nuestros pasos hasta que pasaba la mala racha.
Al rato, uno muy largo, avistamos a Iván. Había decidido capear el temporal repartiendo pioletazos por la ladera, anclándose y desanclándose a ella al más puro estilo yoyó, practicando revolcones de emergencia. Después de todo, cada uno a nuestra manera, los tres le sacamos partido a un domingo de ciclogénesis.