Todo empezó con una idea sencilla: Hacer una rutina por Picos de Europa ¿Cuál? Eso era lo de menos... Ocho muyeres y un mozu éramos partícipes del asunto.
Miramos el tiempo desde Euskal Herria: tormentas durante la tarde y la noche de la posible incursión, en los tres macizos: central, oriental y occidental; con el aliciente de última hora de rachas de viento fuertes a la altitud que pensábamos vivaquear. Clásico parte meteorológico que te hace dudar hasta que no te queda más tu tía que decidir. Después de rizar el rizo con planes variopintos, renunciamos a los Picos y nos reinventamos en tierras babiecas. La ruta la pensaron las canguesas (del Narcea), y la matizó el majo de Pepe, que regenta un bar, "El Moriscal", en Huergas de Babia (León).
Salimos de por ahí cerca, una pequeña población llamada La Riera, y fuimos ascendiendo pegadas al "cerrao" hasta alcanzar el comienzo del cresterío, sencillo y con poco patio.
| Ascensión a la cresta |
| Indicaciones de cresta a cresta |
Fuimos rodeando un circo majestuso con escasos paños verdes y otros, la mayoría, desteñidos por el sol. Llegamos al Montihuero sin complicaciones y con calma, con tiempo para reponer, contemplar, estar con nosotras y con las otras.
| Cima del Montihuero |
Descendimos desde la cima a la Laguna de las Verdes, momento "zen" para las neskak y de neurosis para el pobre Teo, que después de tantas horas conteniéndose pretendía desesperado que alguien que le tirase ¡¡UN PALO!! -maldita sea viles humanas-
Regresamos desde la laguna por un sendero hasta Torre de Babia, dejando las montañas a nuestras espaldas. Nos sacamos el moreno de pisa-praos en la fuente del pueblo y durante un rato fuimos xanas. De vuelta a Huergas nos reencontramos con Pepe y su hospitalidad. Cenamos de furgoneteo al fresquito veraniego y al abrigo de las montañas leonesas. Lentamente, arropadas por los efluvios de la miel fermentada, cinco xanas quedaron soñando en su nave.
Es domingo mañanero y aún nos queda día por delante. Llegan refuerzos de Xixón y de Carrizo (León). Las norteñas se juntan en las vías de Rabanal, un paraje apacible y admirable en las proximidades del Lago de Luna.
Cuatro cordadas y nueve escaladoras (plural incluye chico). Vías sencillas, caliza calidade, y las neñas miran al cielo esperando que las nubes no les destape el sol; cuando lo hacen no hay quien se suba por las paredes.