sábado, 12 de febrero de 2022

Picu Laverde dende l'estación d'esquí Fuentes D'Inviernu



Durante las últimas semanas vimos un goteo de personas acercándose a las laderas de Laverde. La escasez de nieve no daba muchas más opciones y su nombre empezó a tomar forma de intenciones. Es de los pocos montes de la cordillera astur que han mantenido manto continuo tras casi dos meses de escasas precipitaciones. 

Quisimos ir la semana anterior saliendo de Cebolledo, San Isidro, pero las dudas sobre lo que tardaríamos y un contratiempo nos hicieron dejarlo para otra ocasión.
Una semana después, decidimos salir de la estación de Fuentes de Invierno, ascendiendo por la pista verde hasta llegar a su parte alta, donde linda con su vecina leonesa. Personalmente me pareció más pesado que desde San Isidro, entre otras cosas por el rodeo que se da al ir por las pistas menos inclinadas. La escasez de nieve nos hizo formar una procesión que nos obligaba a desfilar de a uno por la orilla de las pistas. Así dispuestos pretendíamos molestar lo menos posible a los esquiadores de la estación,  a la par que sorteábamos los vaivenes rasantes de las moto-nieves, que parecían ver con malos ojos nuestra actividad hormiguera. Tampoco era fácil ignorar a los skimo más curtidos con su ritmo imperioso pisándonos los talones. No quedé a gusto hasta que nos adelantaron la mayoría. Entre uno y otro, esta primera parte no fue lo que una imagina cuando piensa en desconectar y disfrutar de la tranquilidad montuna, pero es lo que tiene someterse a la dictadura del anticiclón. En el collado, quitamos las pieles. La nieve, que suele estar dura en esa vertiente, estaba húmeda y bajamos sin problemas pero sin tirar cohetes. A continuación tocó progresar por una pista que tomamos desde el parking donde muere la carretera de Vegarada. Quitamos un par de veces los esquís por la falta de nieve, pero es un tramo de llaneo cómodo si no fuera por esa molestia. El ascenso se hizo algo pesado en algún tramo, ya que la humedad de la nieve dificultaba el foqueo exigiendo hacerlo más técnico. La inclinación aumenta llegando al collado final, entre Laverde y Laverdina, pero llegamos sin material adicional a pesar de que las pieles iban al límite de sus posibilidades hidrófugas.




El último tramo a cumbre lo franqueamos sin esquís y sin nieve, con algo de barro y piedra suelta que no tiene mayor dificultad, salvando los movimientos ortopédicos que confieren las botas. Ya en la cima encontramos unos nidos de ametralladoras que bien nos hicieron las veces de vivac para el bocadillo.


Nos deleitamos con un descenso magnífico, rápido y demasiado corto, asombrándonos de la esquiabilidad de la nieve dado su aspecto acuático.



La vuelta por la pista vuelve a requerir pieles frente al riesgo de desintegrarnos remando. Poco a poco deshacemos el camino con esfuerzo y constancia, y con más de un ¡buff! y varios ¡boff!


La última bajada por la estación no defrauda y vuelve a ofrecer lo peor del recorrido con una nieve escasa y húmeda, maltratada por cientos de tablas durante toda la jornada. 


*Es una actividad asequible, bonita y de baja exposición, que nos llevó 6 horas a ritmo tranquilo, desde que salimos del parking hasta llegar al coche: https://es.wikiloc.com/rutas-esqui-de-montana/picu-laverde-dende-l-estacion-de-fuentes-dinviernu-95301692


domingo, 6 de febrero de 2022

Picu Roldán desde Cebolledo


Tres semanas. Tres semanas sin sacar las tablas a pasear. Los esquís pobremente bautizados días atrás sobre un Toneo pegajoso y desagradecido, excesivamente primaveral. Sin embargo la gente seguía llenando las RRSS de actividades de esquí montañero, mientras nosotros mirabámos escépticos los neveros y las calvas que tapizaban la Cordillera. La clave suele estar en los kilómetros en coche y en los porteos caminando que uno esté dispuesto a hacer, pero también en observar por donde suben las hormiguitas. 

Afortunadamente dos días antes cayeron unos centímetros de nieve fresca aunque muy localizada, por lo que el plan era subir a un monte en particular donde sabíamos que se podía hacer algo más curioso. Al parecer su aproximación es más cómoda por León entrando desde Vegarada, y en cambio más largo por estación desde Asturias; nos decantamos por lo segundo. 
Nos acercamos hasta Cebolledo por aquello de salir desde mayor altitud y salvar algo de desnivel. Comenzamos a remontar orientando nuestros pasos hacia una pista negra. Una vez allí, Mario divisa a un hombre que parece estar en apuros ya que lleva un rato echado el la pendiente casi a la altura del collado. A voces me parece entender que está bloqueado y que no es capaz de quitar las pieles para bajar; se encuentra asegurado al piolet. Nos ponemos en modo rescate y nos calzamos los crampones en una transición que pareció una eternidad, dado que no era el mejor sitio para hacerlo. Cuando estamos llegando para ver qué podemos hacer por el compañero, aparecen los pisteros contactados por el 112 y anuncian que está todo controlado. Seguimos ya los últimos metros con lo puesto por no liar más la cuestión, con la decepción de quien cree haber arriesgado su integridad para acometer una gesta del todo innecesaria.

Como buenos domingueros hacemos una parada de reflexión en la cafetería, con un Master of Puppets de fondo destripado por un desafortunado ritmillo reguetonero. Se nos ha echado el tiempo encima y rondan las 13 del mediodía; hace "calor" y no sabemos cuanto nos llevará ir hasta Laverde. Mientras me zampo un puñado de donetes, y Mario su mortadela, nos quedamos prendados de la pala que tenemos enfrente con tan solo un par de huellas de descenso por una de sus vertientes. Según el IGN se trata de El Roldán, y está bastante más próximo que nuestro primer objetivo. Ni cortos ni, ya, perezosos nos calzamos las tablas y empezamos la subida por la ladera Este del monte. A medio camino, diviso no sin cierta incredulidad al señor rescatado un rato antes, que va foqueando en solitario a una distancia prudencial. Sin hacer amago de intercambiar palabra, decide no hacer los últimos metros hasta la cumbre, vaya usted a saber si por miedo o por vergüenza.





Tras poner todo en su posición y algo más de ropa empieza lo mejor. Buscamos un paso por las cotoyas para llegar a la zona más virgen de la ladera que divisamos desde abajo. La sensación es algo extraña por diferente: una buena capa de nieve polvo con base dura y yo domando los esquís, un tanto más anchos que los viejos. Es nuevo para mí flotar sin acabar encarrilando bajo la nieve. Habrá que seguir experimentando :)



Peña Rueda "fail"

 Llevamos una temporada de elecciones no demasiado acertadas, en cuanto a condiciones para la práctica del skimo se refiere. La de este sába...