lunes, 23 de marzo de 2015

Cuando querer no es poder, pero disfrutamos intentándolo.


El invierno empezó estival, y siguió avanzando con picaresca primaveral para desazón de los adictos estacionales al manto nivoso. Las condiciones óptimas para el letargo y los hot-cocoa bajo una mantita se hacían de rogar. Por  propia voluntad y sin más argumentos que el capricho, llegó la primera "ciclogénesis"de la temporada...

               - ¡Temporal leñe!

...y mientras llegaba el segundo temporal, un otoño demorado se hacía ya notar en todo su esplendor. Esquiadores, raqueteros, muñequeros de nieve, kamikazes del trineo y otras bandas, preparaban sus juguetes y consultaban ansiosos las predicciones meteorológicas clamando al cielo. Entonces el frío llegó, y vaya si lo hizo. Comenzó a desplegar su fuerza en todas sus manifestaciones, con vientos huracanados que azotaban casi de continuo a las criaturas que se adentraban en el Sistema Central.




No obstante estas criaturas nivofílicas ansiaban acabar con la abstinencia que venía durando todo un año, y así decidían encomendarse una y otra vez a las inclemencias, para intentar y a veces lograr distintos entretenimientos. Los esquiadores no se llevaron mal pastel; sus oportunidades fueron cuantiosas y las condiciones, de algo sufridas a muy buenas. Los kamikazes y los muñequeros tuvieron la mejor parte. Ya podía estar nevando, de niebla cerrada tipo "whiteout", cayendo chupiteles o whatever the fuck; ellos persistían y resistían. A diario contribuían a la labor de amortizar cualquier asentamiento automovilístico a la vista. Igualmente hacían que la llegada al punto de partida de otras bandas fuera de lo más emocionante, al obligarlos a esquivar trineos a diestra y a siniestra, si querían preservar su integridad. Otros se dedicaban a levantar totéms con cuerpo de semáforos venidos a más, sumidos en su tarea con elevada concentración.

Muy madrugadores, porteando cuerdas y cacharrerías varias, aparecían día tras día tenaces individuos, necios ante las inclemencias circundantes: brisas huracanadas, densas nieblas y nieve que caía como clavitos minúsculos. Eran tribus de escaladores de hielo y alpinistas, y también de seres iniciáticos que intentaban disfrutar de las actividades representadas por éstos. Entre éstos últimos traté de incluirme.

El Zócalo, Peñalara

Simplificando, nuestro afán consistía en aferrarnos y ascender por paredes verticales heladas o mixtas en la modalidad de escalada en hielo, o avanzar por canales de nieve dura en una versión más montañera del asunto - Dicho así suena muy "pro"...- Lamentablemente querer no siempre es poder. En mis intentos de participar de estos entretenimientos, las ventanas y los trenes de buen tiempo, a menudo no cuadraron con condiciones adecuadas de nieve dura ni, mayormente, con un hielo bien formado. Cuando sí parecía estar la materia a punto, surgieron incidencias de causa mayor del tipo "urgencia hospitalaria del encargado del refugio", donde se preparaba la escalada - esperemos que todo el mundo se encuentre recuperado...

En dos ocasiones y con hartazgo ya de esperar a un día radiante y libre de ventisca, sin nieblas densas, sin lluvia o sin nieve de la que se clava en la cara, decidimos madrugar y tiramos para el puerto; franqueamos el atasco de Navacerrada, despejamos la plaza del parking a pala de piolet y nos adentramos en las bajuras de Peñalara rastreando el hielo. Una de estas veces sí logramos hacer un simulacro de escalada en hielo. Nuestros voluntarios guías, muy entregados a la tarea, montaron algunas vías con la ferretería que habían porteado, y otras sin ella. A la hora de catarlas fueron el granito y la nieve pocha los que se ofrecieron para que apoyásemos nuestros pinchos en y a través de ellos; si había algo de hielo quizá aguardaba escondido en alguna fisura desapercibida y sombría. En estas condiciones nuestro auténtico seguro fue una reunión montada a cañón desde arriba. Pasamos frío, nos empapamos con la agua nieve que no cesaba en su empeño de caer y muchos nos fuimos sin saber lo que es escalar en una cascada helada, pero mis manos no se fueron vacías, gracias a la compañía y al buen talante y dedicación de los más experimentados del grupo.






La otra historia, la de los corredores, termina con menos aprendizajes y algo más de cerveza, versus cacao. Decidimos darnos la vuelta antes si quiera de poder contemplar el objetivo. Es lo que mi colega Sam llama "estilo gilialpino": paseas el mochilón montaña arriba, montaña abajo, haces unas cuantas sentadillas para dar el callo, o fardar de gallu, y coges a tu perra en brazos en algún paso comprometido; pero en ningún caso sacas el material de la mochila, y te vuelves a casa sin haber atisbado si quiera la pared en cuestión. Las justificaciones pueden ser variopintas, y con frecuencia remiten a factores humanos. Cuando nos empeñamos en hacer una actividad asequible con más motivación que planificación, si cuela y sale bien todos contentos, si no en el mejor de los casos, pues eso, gilialpino.
















5 comentarios:

  1. Anna, hay una diferencia entre estilo "gilialpino" y estilo "gilimasoquialpino". En el primero, es viable llegar al objetivo pero surgen justificaciones derivadas de la heterogeneidad del grupo, y cargas material a lo tonto sin ni siquiera haber visto el objetivo. Pero hay casos en los que es preferible ser cauto y darse la vuelta, y más cuando las inclemencias del tiempo te están avisando que "no" verás tu objetivo, y si continuas lo q sí puedes ver es un "catarrazus monumentalius" por dejarse llevar por el otro estilo, el "gilimasoquialpino". Ese que siguen los que en un subidón adrenalítico y en su afán por ser recordados como aguerridos luchadores de las montañas cual guerrero sacado de la película 300 se tratara, olvidan que, la montaña no perdona las imprudencias , las osadías tipo "yo puedo con el mal tiempo" y otras temeridades. Será que me hago mayor y aflora la cautela in extremis; será que he visto demasiados accidentes; sea lo q sea si tengo que elegir, prefiero ser gilialpina, que gilimasoquialpina. El dia al que te has referido, algun@s preferimos actuar con prudencia. La montaña no se va a mover de ahí, y no hay por qué ser masoca y pasarlo mal cuando encima nada se podia hacer con ese mal tiempo. No es menos montañero el q se da la vuelta por prudencia. Ese afán de demostrar al mundo "el mal tiempo no puede conmigo", "si cargo material yo no me voy sin usarlo", etc y las actitudes imprudentes se llevan muchas vidas en la montaña. Algo que NO debemos olvidar. Un saludo, compañera.

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  2. Shiva, disculpas si he ofendido. Estoy de acuerdo en darse la vuelta cuando haga falta; en la montaña suelo ser de hacer más caso a las sensaciones que al ego y aquel día en Peñalara apoyé la moción de no seguir adelante.
    Si se quieren acometer determinadas actividades no hay tu tía, toca acarrear el material, aunque hay veces que la valoración de esfuerzo- resultados deja sabor de mula de carga. En el esquí de montaña tenemos que llevar mucho material que la mayoría de las salidas, por suerte, no utilizamos y no por ello deberíamos ahorrárnoslo. La sensación puede ser gili y poco alpina pero cuando hay que utilizar algo, todos tenemos claro lo que había que hacer. Un abrazo

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  3. Escribe más, mucho más, pero nunca mejor. Bendita pluma que tienes (así rollito Pérez Reverte o Juan José Millás) <-- y eso es un piropazo!

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  4. Anna, no me ofendiste en absoluto. Mi critica ha sido más bien con objetivo constructivo que derivado de una ofensa. Sé de sobra que perteneces al grupo de "una retirada a tiempo es mejor que lamentar un accidente". Pero si te paras a leer tu relato, verás que hay quien leyendo tu publicación puede sacar conclusiones equivocadas, por ejemplo con frases como "en ningún caso sacas el material de la mochila y te vuelves sin haber atisbado siquiera la pared en cuestión, o "las justificaciones eran variopintas y derivadas a la heterogeneidad del grupo" (veo que esa frase la has quitado y cambiado por "se deben a factores humanos"). Tal como lo cuentas da la impresión de que ese dia se podia haber llegado al objetivo y que cargamos a lo tonto el material, cuando no fue así, pues habia temporal y no estaba el horno para bollos. Creo, en mi humilde opinión que frases como esas pueden dar lugar a malinterpretaciones por parte de quien no estuvo ahi para saber si tomamos o no una decisión acertada, y quedarse con ideas que no son. Por lo demàs, comparto la opinión de tu hermana: "Escribe más, que eres muy buena escritora". Eso no hay lugar a dudas. Un abrazote.

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