Esta actividad surge de las ganas de reencuentro familiar y de
pisar la montaña pirenaica que por estas fechas me quedan más a mano.Toma forma en un plan que se presenta como apacible y
disfrutón, tras apearnos de la aspiración inicial y más elaborada, en preparativos y técnica, de subir al Balaitus.
La
ruta elegida, consiste en dos días de camino, con salida desde el
embalse de La Sarra (Sallent de Gállego) y destino...cientos de pasos
más allá.
Campernoctamos cerca de la Fuente de los Tres Caños,
al arrullo del río y custodiados por un par de vías de escalada
deportiva con aspecto de centinelas curiosos, discretamente desubicados
ante semejante trajín de coches y caminantes.
Sin mucho madrugón y
con excesiva calma, desayunamos, preparamos, olvido cosas en el coche y
venga vuelve y re-vuelve a buscar esto y lo otro. Eso sí, el
piolet lo dejamos a conciencia, bien colocadito entre el pedal del
embrague y el del freno. De los crampones ni hablamos, no parecen
necesarios para pisa-praos... Estamos a finales de julio y no vemos más
que pizcas de nieve en los montañones que nos rodean.
La
primera jornada promete tranquilidad y domingueo de viernes: 2.30 horas
rezan todas las indicaciones, desde nuestra ubicación al refugio de
RespOmUso - o Respumoso para muchos-. Unas 100 fotos, una naranja y un
puñado de kikos después llegamos a nuestro destino. Como no podemos
hacer uso de los camastros hasta las 3 pm, dormitamos a la fresca, sobre
la rejilla cuadriculada de la terraza y contra la baranda, pero
protegidos de la brisa pirenaica y abrigados por un manto de sol que nos
invita a dar cabezadas.
Llegan
las tres del mediodía y estamos listos para acercarnos a los Ibones de
Arriel. 1.25 h. promete la señalización, así que calculamos que de las
dos horas no bajamos. Los neveros que rodean los primeros ibones son de
obligado traspaso si queremos seguir avanzando.1, 40 nos lleva alcanzar
el Ibón intermedio. Oleadas de mosquitos tapizan rocas y neveros, y
forman nubes haciendo muy difícil coger una bocanada de aire sin tragar
un puñado de las minúsculas criaturas. Densos nubarrones amenazan desde
hace horas, y un suave granizo y algo de lluvia se deja caer sobre
nuestras cabezas.
Si
es por Paco y por su inseparable paraguas, seguiríamos hasta el Ibón
Alto, pero las nubes cada vez más negras y nuestras ganas de descanso y
cena dictan la media vuelta.
El
fresco de la tarde, ya sin sol, nos empuja adentro del refugio. Pasamos
el resto de la jornada hasta la cena estudiando el recorrido del día
siguiente. Tanteamos a excursionistas y refugieros para saber si será
factible cruzar
el paso de Tebarray sin material invernal. Entre unos y otros acordamos
que el terreno nos dirá si darnos o no la vuelta ya que además el parte
meteorológico pinta tormentoso, lluvioso y granizoso. Afuera, las
montañas preparan su descanso repletas de neveros con los que no
contamos, y van quedando ocultas minuto a minuto bajo las nubes y el
ocaso.
Ocupados en estas cabilaciones, me fijo que los rasgos de
la pareja que atiende la cocina no son de este lado del meridiano y sin
embargo me resultan familiares. Banderas de oración budhistas rezan al
viento muy cerca del refugio, y me animo a preguntarles. La pareja,
natural de Nepal, nos cuenta que trabajaron en los trekkings del
Himalaya, él empezó como porteador y continuaron llevando negocios
relacionados con el turismo. A la hora de la cena, recuerdo con añoranza
los bocados nepalies mientras mareo las albóndigas sobrantes de un lado
a otro del plato.





No hay comentarios:
Publicar un comentario